A lo largo de la historia el hombre
siempre ha sentido la necesidad de amparo, mas allá de esa primera protección
que es la piel misma, luego todos los demás intentos o desarrollos de
protección no son mas que pieles (artificiales en algunos casos) creadas para
dar abrigo, cobertura, cobijo. Quizás la arquitectura toda es un intento
indeterminado, permanente e imperfecto en la búsqueda de esa protección.
Pero hoy el concepto de piel escapa a
las tradicionales definiciones de envolventes pesadas del clasicismo ó las
pulidas y racionales demostraciones del movimiento moderno.
Como dice Manuel Gausa:
“La arquitectura contemporánea sustituye la idea de fachada por la de piel, capa exterior mediadora entre el edificio y su entorno. No un alzado neutro, sino una membrana, activa, informada, comunicada y comunicativa. Mas que muros agujereados, pieles técnicas activas e interactivas. Pieles colonizadas por elementos funcionales capaces de captar y transmitir energías, pero capaces también de soportar otras capas incorporadas, solapadas más que adheridas. Manchas, erupciones, grafismos o estampaciones manipuladas, pero también imágenes proyectadas, motivos reversibles, destinadas a transformar al edificio en una verdadera interface entre el individuo y su medio, el límite en fricción entre el edificio y un contexto cambiante en el tiempo.”
Muchos intentos en este sentido se
vienen trabajando, nuestra realidad (como territorio) de economía emergente y
periférica no muchas veces nos permite acceder a tecnologías de vanguardia por
excesivamente caras o imposibles de obtener debido a problemas de logística,
mantenimiento o mano de obra especializada.
En este sentido muchos profesionales
recurren al trabajo con materiales tradicionales, como la piedra, la madera, el
hormigón, vidrio y tantos mas, logrando atmósferas y climas particulares a
partir del uso inteligente e innovador de esos materiales solos o combinados.
Así el uso de la piedra se ha
reinventado tanto en fachada exterior como en interiores, la madera con sus
múltiples posibilidades de tejer situaciones, no ya como un simple revestimiento
sino como volumen y textura.
La idea de un recorrido de continuos y
discontinuos, flexibles y rígidos, deformables o formadas en pos de lograr en
el individuo (que lee esa piel) una sensación cambiante y en ningún
caso indiferente.
La arquitectura intenta hacerse
inteligente y aprender del entorno, del territorio, del lugar donde habita,
para ello toma los materiales y los convierte en piel. No es el intento del
movimiento moderno que con el vidrio y la estructura independiente intentan
hacer desaparecer el límite-piel, las búsquedas actuales persiguen otras
intenciones, menos neutras y de mayor sintonía con el medio y con el habitante.
Es importante reconocer que vivimos en
tiempos exponenciales e iniciáticos, una realidad en que las tecnologías de la
información fundamentalmente, modifican la forma de habitar un mundo en red,
donde las ciudades y por ende la arquitectura debería ser pensada en este
sentido.
Es indudable que los cambios serán
importantes, durante años nuestras ciudades fueron industriales y pensadas para
el automóvil, una estructura rígida, material con las lógicas resoluciones espaciales
acordes a ese modelo. El modelo del siglo XIX y principios del XX que proponía
una ciudad polarizada con diferentes estadios, situaciones de clases y división
del trabajo trajo consigo segregación, jerarquías y fragmentación sin
comunicación entre ellos, con la consecuente aparición de terrain vague ,
lugares abandonados y carentes.
La piel en sus diversas capas, el
hombre, su casa, el barrio, la ciudad, un organismo que crece y se desarrolla
junto con su portador, esa capa que debe ser capaz de proteger pero también
controlar la temperatura, regular la humedad, percibir y comunicar.
Fuente: Fragmentos de ensayo de Jonny Gallardo.
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